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Los frigoríficos apostaron un pleno a China, pero el boom se frenó y el coronavirus complicó todo

El año pasado hubo un récord de exportaciones cárnicas y China compró el 74% del total exportado. El boom chino generó una dependencia enorme, pero empezó a menguar en noviembre y se cortó en seco con la aparición del coronavirus. El virus chino dejó a las vacas argentinas verdaderamente locas.

Más allá de la cuestión sanitaria, la aparición del coronavirus en el gigante asiático generó una enorme cantidad de derivaciones políticas y económicas. Una de las más importantes que impacta de lleno en nuestro país fue el freno a la importación de carne, ya que en 2019 fueron hacia ese país 3 de cada 4 kilos de la exportación argentina. Los festejos del Año Nuevo Chino generan una fuerte demanda y el país había acumulado reservas para hacerle frente. El surgimiento del coronavirus llevó a la suspensión de actividades y la cuarentena, por lo que se paralizó la venta y ese stock quedó sin colocar, según explicó el ingeniero Carlos Ramos, de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Además, se generaron múltiples problemas logísticos. La carne se vende con un pago anticipado de 30% y el otro 70% al momento de descargar. Los contratos firmados que no habían pagado el anticipo se anularon. Los puertos también quedaron prácticamente paralizados, por lo que los barcos que llegan cargados no tienen como dejar la mercadería en el puerto ni mantenerlo refrigerado, por lo que muchos terminan descargando en otros países, como Singapur. Muchas empresas chinas que habían pagado el anticipo, piden su reintegro argumentando que la mercadería no llegó al puerto –por lo expuesto en este párrafo- en tiempo y forma.

Tanta dependencia generó China sobre el mercado argentino de la exportación, que mientras que en 2017 el gigante asiático solo se llevaba el 36% del total exportado, en 2019 saltó al 74%. El año pasado se exportaron 426 mil toneladas. El segundo país que más carne argentina importó -Chile, apenas compró 30 mil toneladas.

“Es por ello que la industria frigorífica exportadora entra en pánico. No tuvieron visión ni plan estratégico. Históricamente, en varios productos perecederos como la carne, cuando jugás a la exportación a un solo país, el resultado es previsible. En algún momento se corta”, indicó el especialista, apelando al viejo refrán de que no es bueno poner todos los huevos en la misma canasta. En ese sentido, recordó el boom de exportación de conejos a China a mediados de los 2.000.

Aunque el coronavirus marcó un corte abrupto de la demanda china, ya en noviembre el fenómeno había empezado a menguar. Es que el boom importador en China –con la carne como protagonista- generó una estampida de precios que llevó a que la inflación de noviembre trepe al 4,5%, la más alta desde 2012. El gobierno de Xi Jinping decidió cortar el financiamiento de la importación de carne para frenar la inflación. Los precios de compra cayeron entre 30 y 40%, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carne y Derivados de la República Argentina (CICCRA).

China había importado 73 mil toneladas en octubre y en noviembre el número cayó en más de 7 mil toneladas. La baja china fue más de la mitad de la merma de la exportación en noviembre.

Esta preocupación se manifestó en la Mesa de las Carnes -reunión de empresarios del sector- realizada hace unos días. “Ahora a los industriales les preocupa recuperar el mercado interno, que desde hace más de 80 años es el mercado más seguro”, dijo Ramos.

LO QUE VIENE, LO QUE VIENE

La industria deberá encontrar una salida para ubicar esta gran cantidad de carne que tenía destino chino. La opción más viable podría ser la exportación a Rusia, pero ésta se encuentra interrumpida por cuestiones sanitarias. “Exportarla no va a ser sencillo. Aparte de las restricciones, Rusia bajó los volúmenes y precios y no tiene la capacidad. El consumo interno popular sí los podría absorber pero a precios más bajos, que compitan con el pollo”, opinó Ramos.

Para que eso suceda, deberá repuntar el consumo argentino: en 2019, el consumo de carne vacuna bajó 7 kilos por habitante (de casi 59 kilos a 52) y el consumo de carnes de todo tipo cayó 5 kilos por habitante (de 115 kilos a 110). El ingeniero se quejó de que en nuestro país “se ocuparon durante años de romper la cultura de la soberanía alimentaria de comer puchero y asado”. “Van a tener que recurrir a los movimientos sociales para que además de ‘verdurazos’ hagan ‘carnicerazos’”, apuntó.

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