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Entrevista a Flora Alkorta: "Mientras mis amigas oían a Menudo yo compraba los cassettes de Les Luthiers"

La guionista y comediante recorre su carrera, su experiencia en televisión y radio y el gusto por el absurdo y el humor negro. Además, se refiere a sus procesos de escritura y a la lucha feminista: "Las chicas ahora se enfrentan a lo que antes se naturalizaba", destaca.

No espera la carcajada de quienes la siguen, prefiere el impacto de las respuestas de asombro ante uno de sus chistes. Quienes la siguen en las redes conocen la acidez de sus comentarios y quienes tienen la posibilidad de escucharla en la radio descubren a diario su particular tratamiento de las temáticas actuales. Si bien se define como una persona de televisión, desde el comienzo del contacto para la entrevista, Flora Alkorta se mostró como una persona de humor. No sólo del absurdo y del humor negro, que ella prefiere, sino en cada comentario sobre cómo ve el mundo y cómo busca explicarlo.

Es una de las guionistas argentinas más reconocidas, con una amplia experiencia en televisión, radio y teatro, incluso dando algunos pasos por el cine. Pero también le ha puesto la cara a su humor desde el stand up y miles la siguen en sus redes, donde asegura que es buen espacio para probar su material antes de llevarlo a los escenarios. Se ha destacado en un mundo dominado por el machismo y en el que se ha visto su sello de militancia feminista, reconociendo que no se debe a una “meritocracia”, se refiere a sí misma como “troska de Barrio Norte”, y pensando en la posibilidad de que se generen más espacios para las mujeres en todas las disciplinas.

Ha trabajado más de 20 años en televisión, haciendo casi siempre programas de humor, pero como guionista ha encarado diversos géneros además de la ficción, como documentales y realities. Sin embargo, asegura que les ha encontrado un gusto especial a otros formatos como el radiofónico y el teatral y sobre su humor asegura: “No es que hacés ‘humor feminista’, sino que sos una feminista que hace humor”.

- ¿Cuándo empezó ese gusto por escribir?

- Ya desde el secundario tenía claro lo que quería hacer. En ese momento volvíamos a la democracia y era un boom la radio, en la que escuchaba a Lalo Mir, Mario Pergolini, a la Negra Vernaci, y me gustaba seguir sus guiones, por lo que quise ser guionista de radio. No sabía cómo estudiarlo, porque no había una carrera, entonces empecé periodismo, aunque no me gustara. Finalmente surgió una escuela de guion y producción de televisión y, aunque la tele no me gustara y yo quería hacer radio, me recibí y durante muchos años solamente hice tele, de hecho me considero un bicho de televisión. No era mi plano original pero me terminó gustando.

- ¿Es el espacio en el que te sentís más cómoda a la hora de escribir?

- Ahora, que llevo 4 años en radio, también estoy contenta, pero trabajé en todos los canales, entregando mi vida, soy alguien de la televisión. Trabajé con todos los productores, en varios países como México, Chile, Uruguay, y así aprendí mucho.

- Más allá de las características propias de cada medio, ¿cambian los códigos entre radio y televisión?

- La radio tiene cierta espontaneidad, pero la tele, si se hace ficción, lo que se escribe pasa por muchas manos, por muchos controles y situaciones. Por ejemplo, me ha tocado trabajar en Disney y a las series las traducían en inglés y las corregían en California; hay más manos que intervienen, compromisos con pautas publicitarias, mucho más cuidado con la crítica con las multinacionales. En estos ámbitos hay que tener más cuidado de lo que se habla. La radio, en cambio, es un hijo más bastardo en el sentido de que lo que se dijo pasó. De todas formas, también me contradigo y te señalo que en la era del archivo nada pasa, todo queda en las redes.

- ¿Sos celosa de lo que escribís con relación a lo que después dicen quienes lo interpretan?

- Sí, los guionistas somos muy egocéntricos. Es como cuando una persona quiere que su hijo sea de una u otra manera. Pasa que al guion vos lo entregás y después va a haber un director, actores, pasará por muchas manos. Vos firmás el primer eslabón. Lo que es importante respetar es que no te toquen la historia, si es ficción, porque si cambian alguna palabra me puedo enojar si dicen “lámpara” en vez de “velador”, pero sigue siendo el mismo objeto. Ahora, si van a hacer un cambio que luego repercutirá en el arco de una historia, ahí ponés el grito en el cielo. Hay algo que es real: nosotros somos apasionados con lo que escribimos; quizás estamos 12 horas buscando la palabra que necesitamos, pero después hay que ceder a los cambios, sino el ego te mata. Hay que encontrar un equilibrio entre el perfeccionismo y tu pasión de cómo escribís la idea y lo que luego se interpreta. Durante muchos años yo entregaba los guiones y después no miraba el programa.

Alkorta tiene un extenso currículum lleno de producciones que han sido exitosas en la televisión y han llegado a todos los hogares argentinos, desde trabajar con Susana Giménez, Pablo Granados y Pachu Peña, Alejandro Fantino; colaboró en la película “Torrente 5”, tuvo 2 obras en cartel en calle Corrientes y tiene otras esperando para estrenar en los próximos años. “Tras más de 20 años de televisión, me gustó la idea de probar nuevos formatos y empecé a probar en el teatro y me encantó, igual que con la radio”, comenta.

- Tenés un fuerte trabajo en el humor, ¿fue algo que estuvo siempre en vos o te fue llevando la profesión?

- Los que hacemos contenidos humorísticos desde chicos somos los graciosos de la barra de amigos o nos gusta comprarnos revistas de humor. Te vas dando cuenta de que tenés facilidad para eso. A los 12 años me compraba cassettes de Les Luthiers, mientras mis amigas escuchaban a Menudo. También me compraba los de Luis Miguel, pero encontraba en la risa un mecanismo que me resultaba fascinante. Desde chica me gustaba escribir y era la que hacía un chiste en clase y me mandaban a dirección. A veces el humor es un mecanismo de defensa para los que somos más tímidos, pero cuando sos más grande lo podés hacer profesión.

- ¿Te considerás una persona tímida?

- Ahora que soy más grande lo manejo, pero hasta los 20 era una persona súper tímida. Con la adultez, para moverse socialmente uno se adapta. De todas formas, creo que tímidos somos el 80% de las personas.

- En un ámbito muy machista como puede ser el del humor, ¿cómo es el rol de la mujer que va ganando espacios?

- Desde el NiUnaMenos, el feminismo fue tomando espacios, imponiéndose cada vez más en la vida política y en la vida cotidiana, por lo que se reprodujo en las disciplinas, como las artísticas. Algunas personas lo hacían desde antes, pero ahora tienen más visibilidad. Es verdad que ahora hay más mujeres haciendo stand up, más capocómicas en el teatro; empezó una realidad de paridad, porque es un momento social que amplía el espectro. Muchas se fueron animando a hacerlo, porque vieron que lo podían hacer. Se van generando otros modelos: a una nena que dice que quiere ser presidenta, después de varios años con una presidenta en Argentina, no la van a plantear como loca. Cuando se muestran diversidades y se rompe con discursos de grupos reducidos, salen a la luz personas que antes no se hubieran animado.

- ¿Te sentís más cómoda en este ámbito?

- Yo fui una de las personas a las que les fue bien en el ambiente machista, incluso trabajé con los más machistas del mundo, y siempre laburé de esto; me iba bien, pero fui una excepción. Pude insertarme en este mundo, por lo que fuera, suerte, habilidad, estar en el momento justo, pero eso no significa que todas tengan las mismas oportunidades. Desde chica trabajé con un humor muy masculino y es verdad que a las mujeres nos trataban muy mal. Lo sufrí pero me lo banqué y ahora tratamos de que las mujeres tengan más oportunidades. No me gusta la idea de la meritocracia; yo tuve suerte, soy porteña y tenía más posibilidades para seguir en ese trabajo.

- ¿Te gusta incluir tu militancia sobre causas sociales en tu trabajo?

- Lo que pasa es que cuando te atraviesa el feminismo tenés una mirada así. No es que hacés “humor feminista”, sino que sos una feminista que hace humor. Cuando hacés humor con un tipo que te dice algo en la calle, no es que antes existía el humor feminista, sino que lo hacías con algo que te molestaba. Ahora, por suerte, las nuevas generaciones cambiaron todo, estoy muy contenta con estas chicas que se enfrentan a eso que se naturalizaba.

La guionista precisa que los procesos para escribir no son iguales cuando lo hace para otros que cuando lo interpreta ella misma, aunque aclara: “En el stand up uso mucho el absurdo y el humor negro, canto canciones y hago algunos sketchs con bajada feminista, pero no es lo más frecuente”.

- No es sencillo encarar el humor negro, considerando que es muy fácil que haya quienes se ofendan.

- Sí, se ofenden, pero voy tanteando. Si los primeros chistes de humor negro funcionan, sumo otros; pero, si no, los voy sacando. Lo bueno del material de stand up es que podés ir eligiendo qué hacer. Pero en el humor negro la gente no explota con una risotada, la respuesta puede ser de sorpresa, hay una lucha en el cerebro sobre si se ríe o no. Es una lucha moral.

- Algunos dicen que el trabajo con el humor negro implica una inteligencia especial.

- Es inteligente, pero hay que tener cuidado desde dónde se lo dice para no caer en un lugar que parezca de superioridad, porque hay gente que es muy inteligente y este tipo de humor no le divierte. Es cierto que el humor negro implica ciertos procesos de asociación, pero hay que entender que la risa es como la comida: te gusta un plato o no te gusta, es algo muy personal, no tiene una explicación. Hay cosas que emocionan y otras que no, cosas que te hacen reír o cosas que no.

- ¿Cómo es el testeo que hacés de tus chistes en las redes antes de llevarlos al escenario?

- Como hago chistes de una línea, chistes muy breves, construyo un stand up distinto de aquellos que hacen un relato, son chistes que quizás no están conectados entre sí. Por eso, he podido probar el material en Twitter, me daban los caracteres para hacerlo. De todas formas, algunos explotan en las redes y en el escenario no pasa nada. Hay algunos de humor negro que a la gente no le caen bien y no se espera la carcajada, provoca una reacción que no necesariamente es una risa.

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